16 de Diciembre de 2018
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LLAMADO A LOS PUEBLOS PARA EL FORO ALTERNATIVO MUNDIAL DEL AGUA - FAMA2108

LLAMADO A LOS PUEBLOS PARA EL FORO ALTERNATIVO MUNDIAL DEL AGUA - FAMA2108

18.03.2018

Foro Alternativo Mundial del Agua - FAMA2018 ocurrirá durante los días 17, 18, 19, 20, 21 y 22 de marzo de 2018, en Brasilia - capital del Brasil, en el Campus de la UnB (Universidad de Brasilia).

El FAMA 2018, es un evento internacional, democrático y que quiere reunir mundialmente organizaciones y movimientos sociales que luchan en defensa del agua como derecho elemental para la vida.

Este foro tiene como propósito unir los esfuerzos de movimientos sociales alrededor del mundo por transformar el acceso al agua en un derecho, principalmente en aquellas poblaciones que sufren los rigores de la pobreza, exclusión social y la guerra, para quienes el agua se vuelve un recurso inalcanzable, debido a las intenciones de las grandes corporaciones que utilizan el agua como mercancía privatizable.

Diversas entidades brasileñas e internacionales se reunieron y decidieron impulsar este evento, para dar continuidad a Foros Alternativos anteriores como los realizados en Daegu en Corea del Sur en 2017 y en Marsella en Francia en 2012.

Este evento se contrapone al autodenominado "Foro Mundial del Agua", el cual es un evento promovido por los grandes grupos económicos del planeta quienes defienden la privatización de las fuentes naturales y los servicios públicos del agua.

Tal como ya se ha afirmado en encuentros anteriores, el "8º Foro Mundial del Agua" es ilegítimo. Es una feria de negocios que tiene el objetivo de promocionar un mercado que facilite el acceso a las multinacionales que se benefician del sector de agua y de saneamiento. Con puertas cerradas a la población civil, este evento concede un espacio para que las grandes empresas tengan acceso privilegiado a las decisiones de los gobiernos y bloquean por intermedio de corrupción y sobornos, el avance de políticas públicas globales que resuelvan la crisis de acceso al agua.

Para los organizadores del "Foro Alternativo – FAMA2018", las políticas públicas de acceso al agua deben ser discutidas democráticamente con las poblaciones y en particular con las comunidades más afectadas por los temas relacionados al agua.

En el FAMA2018 serán debatidos los temas centrales de defensa pública de las fuentes de agua, como lo son: el acceso democrático a los recursos hídricos, la lucha contra las privatizaciones de los manantiales, la construcción de presas de agua y las comunidades afectadas, los servicios públicos del agua y saneamiento, las políticas públicas necesarias para el control social de uso del agua y preservación ambiental que garanta el ciclo natural del agua en todo el planeta.

Vea nuestro manifiesto a continuación

Llamado a los pueblos para el foro alternativo mundial del agua FAMA2018

“Agua es un derecho, no mercancía”

 

La apropiación del agua en el escenario global

Resoluciones de las Naciones Unidas reconocen que el agua y los servicios sanitarios son derechos fundamentales. No hay vida sin agua y ella es un bien común que debe ser compartido entre toda la humanidad y los demás seres vivos.

La naturaleza se regenera y el agua es continuamente renovada por medio del ciclo hidrológico. Sin embargo, nuestro planeta sufre intensa destrucción debido a las acciones y actividades humanas. El sistema económico global es extremamente predatorio, produciendo una sinergia y acumulación de impactos al medio-ambiente, tales como lo son: el cambio climático, polución hídrica y la destrucción de los ecosistemas esenciales para la renovación del agua.

Las iniciativas de la sociedad brasileña han sido incipientes como practicas preventivas para proteger el agua. Los elementos vitales siguen desguarnecidos para la manutención de los ciclos naturales, como la protección de las florestas para la transposición continental de la humedad (ríos voladores), imprescindible para la regularidad de las lluvias; la falta de manejo adecuado del uso y ocupación del suelo en las cuencas hidrográficas con miras a la protección de los manantiales (nacientes, ríos, reservorios): la manutención y el restauración de la vegetación nativa; y el respeto a las áreas de Preservación Permanente y Unidades de Conservación.

El ritmo acelerado de la civilización es inhumano: la distribución desigual del capital y la escasez se agravan ante la apropiación del agua para fines comerciales. Grandes corporaciones promueven un proceso mercantilista del agua usando los paradigmas de los modelos de mercado global: beneficiarse y distribuir ganancias entre un reducido grupo de inversores. ¡Eso es inaceptable! No se puede comprar lluvia, no se puede comprar sol... Es un despropósito transformar el agua en mera mercancía y esto llevará al mundo a un futuro aún más injusto y peligroso.

Es injusto porque representa el dominio de pocos sobre el derecho de todos. La organización Oxfam ha denunciado en 2016 que sólo ocho personas en el mundo tienen la misma riqueza que las 3.500 millones personas más pobres. Esta desigualdad también está presente en la posesión del agua. Las corporaciones como Nestlé, Evian, Cola-Cola, Pepsi-Co, Suez y Veolia dominan las fuentes de agua en todo el mundo e intervienen directamente en la soberanía de los países que poseen esa riqueza.

Las empresas transnacionales que usan agua como base de producción ejercen gran influencia en las decisiones sobre ese bien en los países en que actúan y en la propia ONU. Los bancos de Wall Street (EEUU) y de otros lugares del mundo, además de multibillonarios, están comprando tierras donde hay reservas de agua en todo el planeta, demostrando que existe un gran interés financiero por esas áreas estratégicas. Con los procesos de privatización, estas inversiones han sido altamente rentables.

El capitalismo también lleva a la pérdida del control social, democrático y comunitario sobre los recursos naturales, convirtiendo derechos en mercancías y limitando el acceso de los pueblos a los bienes y servicios necesarios para la sobrevivencia. La historia ha demostrado que la gestión ética no es una virtud de las corporaciones económicas, que llegan al extremo de estimular crisis políticas y económicas, a financiar golpes de Estado y a imponer estados de excepción. Hay innumerables registros de estrategias para privilegiar intereses económicos, como fraudes en licitaciones, chantaje, soborno, cooptación, superfacturación y corrupción. Por otra parte, la historia también ha revelado la lucha de los pueblos ante las contradicciones y conflictos cada vez más numerosos e intensos por el uso del agua, buscando la construcción de un modelo de desarrollo con sustentabilidad (ecológica, social, espacial, cultural, financiera, etc.) para países y hasta continentes, como América del Sur y África.

La concentración en pocas manos de la tierra rural y urbana; el uso inapropiado del suelo y de las aguas por medio de la deforestación, impermeabilización del suelo, vertimiento de residuos líquidos y sólidos; la construcción excesiva y sin el debido control de proyectos de infraestructura hídrica, como lo son las represas; Adicionalmente,  la contaminación del suelo, del aire y del agua por el uso de agrotóxicos, son la expresión de un modelo predador, que despoja no sólo el trabajo, sino también el patrimonio ambiental y sociocultural de las comunidades. Hay destrucción y exclusión, mientras que debería haber sustentabilidad y protección del medio ambiente y de la vida, para las actuales y futuras generaciones. Si históricamente este ha sido un proceso injusto, ahora se ha vuelto peligroso. El Papa Francisco, por medio de la encíclica Laudato Si, afirma: "Es previsible que, frente al agotamiento de algunos recursos, sea gradualmente creado un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas de reivindicaciones nobles (...) Mientras la calidad del agua disponible se encuentre en constante deterioro, hay una tendencia creciente en algunos lugares de privatizar este recurso limitado (...). Se espera que el control del agua por grandes empresas globales se convierta en una de las principales fuentes de conflicto en este siglo. Ante ese escenario, todos deben reaccionar y defenderse de un modelo económico que considera el agua y la naturaleza como meros activos de mercado, imponiendo un modelo ineficaz para proveer el acceso al agua y al saneamiento para el conjunto de la humanidad. La gestión de bienes comunes no es adecuada para el perfil de las empresas que buscan beneficio, por lo que jamás será la base de una economía sostenible, solidaria y democrática, pues amenaza a las especies vivas, destruye los ecosistemas de la Tierra y la convivencia pacífica entre los seres humanos. El agua como bien común

El agua es un bien común. Eso nos lleva a comprender también que su manejo debe considerar los intereses de las comunidades locales, sobre todo de los excluidos o silenciados frente a la fuerte voz del mercado, a través de un proceso democrático de debate y decisión sobre proyectos que interfieren en el uso del agua y la tierra, especialmente en el caso de emprendimientos de infraestructura hídrica.

Es necesario que se construya una nueva cultura del agua, sustentada en valores éticos, ecológicos y culturales que aseguren la inclusión y la justicia socioambiental, estimulando la transparencia y la participación popular amplia y representativa de los diferentes sectores de la sociedad

La comprensión de que el agua es un bien común que no puede ser gestionado por intereses privados es fundamental y que, incluso una gestión del Estado - que en teoría debería predicar por el bien común - sin control social y participación democrática, podrá priorizar los grandes intereses privados, como ocurre en casos de concesiones de uso de fuentes para exploración mineral, asociaciones público-privadas de los servicios de saneamiento público, entre otros.

La desatención que mata

El agua contaminada mata a más de medio millón de personas al año y contribuye a la diseminación de enfermedades. En 80% de los países, la inversión en abastecimiento de agua, saneamiento e higiene son insuficientes para alcanzar a las metas de salubridad deseadas.

Según las Naciones Unidas, cerca de 663 millones de personas en el mundo no tienen acceso a fuentes adecuadas de agua, 946 millones practican la defecación al aire libre y el "agua contaminada es mortal para niños severamente desnutridos, así como falta de comida".

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) alerta que más de 800 niños menores de cinco años mueren cada día de diarrea asociada a la falta de agua y de higiene. Aproximadamente 27 millones de personas no tienen acceso al agua potable en países que enfrentan o están en riesgo de hambre - como Yemen, Nigeria, Somalia y Sudán del Sur.

Género y acceso al agua         

La desigualdad de género también sufre el impacto de la falta de acceso al agua. La escasez y la mala distribución llevan a las mujeres a recorrer largas y difíciles distancias para obtener agua.

La UNICEF alerta de que en todo el mundo las mujeres y las niñas gastan 200 millones de horas recolectando agua todos los días. Se sacrifican por el bien de los suyos, por la naturaleza en el entorno, por la agricultura familiar y por los animales que crean. Y la feminización de la pobreza es creciente. Según datos de las Naciones Unidas, 70% de las personas que viven en situación de pobreza en el mundo son mujeres, en especial las negras, latinas, indígenas e inmigrantes.

Las mujeres son las principales responsables de los cuidados familiares y de la casa, por lo tanto, poseen necesidad urgente de acceso al agua potable y drenaje sanitario, lo que es impedido por la lógica de la mercantilización y la omisión de los poderes públicos.

La gestión del agua en Brasil

Las redes de alcantarillado guardan profunda relación con la salud pública, sobre todo con las enfermedades de transmisión hídrica. Es un hecho que cuanto más se invierte, menos se oprime el sistema de salud, promoviendo la salud colectiva.

Sin embargo, el informe "Diagnóstico de los Servicios de Agua y Alcantarillado" de 2015, elaborado por el Ministerio de las Ciudades, registra que, en Brasil, los niveles para abastecimiento de agua por medio de la red pública eran del 83,3% y los niveles de recolección de alcantarillado total representaban 50,3%. Solamente 42,7% del total de alcantarillado generado era, en aquel año, efectivamente tratado. Las periferias, las áreas de ocupación irregular, los quilombos, las aldeas indígenas y las comunidades tradicionales concentran a los excluidos del acceso al saneamiento básico en el país.

En Brasil, las compañías estatales y empresas municipales tienen notoria experiencia sobre el tema de saneamiento básico, especialmente en temas relacionado con abastecimiento y redes de alcantarillado. Pero la "tercerización" de los servicios, en especial en las actividades de operación y mantenimiento de estos sistemas, presenta resultados con baja calidad, afectando a los funcionarios por medio de la alta rotatividad y la reducción o pérdidas de los beneficios previstos en la legislación laboral. Además, se constatan los problemas comunes encontrados en la gestión privada del agua, como la falta de inversión en infraestructura, el aumento de tarifas y los daños ambientales. La universalización del acceso con calidad e integralidad sólo será posible con el fortalecimiento del rol del Estado, con inversiones públicas suficientes y con transparencia y control social.

La experiencia internacional ha revelado que la matriz pública de la prestación de los servicios es la más adecuada. La ola de privatización de los años 1990-2000, estimulada por las instituciones financieras internacionales y por gigantes operadores del hidronegocio, que alcanzó algunas ciudades, principalmente de Europa, ahora viene siendo revertida por la retomada de los servicios por las municipalidades.

En los últimos 15 años, hay noticia de al menos 180 casos de remunicipalización de los servicios de saneamiento en 35 países, tanto del hemisferio Norte como del Sur. De los 180 casos, 136 ocurrieron en ciudades de los países más ricos, entre ellas: Atlanta y Indianápolis (EEUU), Accra (Ghana), Berlín (Alemania), Buenos Aires (Argentina), Budapest (Hungría), Kuala Lumpur (Malasia), La Paz (Bolivia), Maputo (Mozambique) y París (Francia).

La desmercantilización de los servicios públicos de saneamiento, especialmente de los que envuelven agua y alcantarillado, es una tarea para la generación actual, especialmente en países de origen colonial como Brasil, que convivió con la expoliación de su patrimonio natural durante siglos y adonde el aumento de los pasivos ambientales y la falta de inversión para la sostenibilidad y la seguridad hídrica son históricos. Este escenario apunta, a medio plazo, a la imposibilidad de corrección de los efectos nocivos provocados por el modelo actual, lo que podrá condenar a la sociedad a un futuro inseguro.

 

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